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En el marco del proyecto de Salud Mental financiado por el IRPF de la Comunidad de Madrid, profesionales de distintas entidades ejecutantes y miembros del grupo de salud de Plena Inclusión han participado en una formación especializada con un enfoque innovador: la teoría del desarrollo emocional aplicada a personas con discapacidad intelectual o del desarrollo.
Una formación que busca fortalecer las competencias técnicas de los profesionales para mejorar tanto la evaluación como la intervención en el bienestar emocional de este colectivo. Para ello, el curso se ha centrado en proporcionar herramientas prácticas y aplicables en el día a día, poniendo el foco en comprender a la persona desde su nivel de desarrollo emocional, más allá de etiquetas diagnósticas tradicionales.
Natalia Kazah Soneyra, psicóloga de la Unidad de Hospitalización Especializada en Discapacidad Intelectual (UHEDI) del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, fue la encargada de guiar a los participantes a través de los fundamentos de la Teoría del Desarrollo Emocional y sus principales hitos. Uno de los elementos clave del curso fue la introducción de la escala SED-S, una herramienta que permite interpretar los problemas de conducta y salud mental desde la perspectiva de la madurez emocional de la persona.
Este enfoque supone un cambio de mirada: entender en qué fase del desarrollo emocional se encuentra cada persona permite diseñar apoyos más ajustados, eficaces y respetuosos con sus necesidades reales.
Así, no solo se favorece una mejor gestión emocional, sino que también se contribuye a prevenir y reducir situaciones de crisis.
Además, la formación no se quedó en el plano teórico. Los profesionales pudieron trasladar los conocimientos adquiridos a estrategias terapéuticas concretas, adaptadas a los distintos niveles de desarrollo emocional, lo que refuerza su capacidad de intervención en contextos complejos.
Esta iniciativa reafirma el compromiso de Plena Inclusión Madrid con la innovación y la mejora continua, apostando por soluciones técnicas avanzadas y por la creación de espacios de aprendizaje compartido. En un entorno en constante cambio, donde los retos en salud mental son cada vez más exigentes, este tipo de formaciones son imprescindibles para garantizar una atención de calidad y centrada en la persona.