Plena Inclusión Madrid

Jornadas para visibilizar a personas con discapacidad intelectual y grandes necesidades de apoyo. Todos somos todos.

Durante el mes de junio, Plena inclusión organizará varias jornadas con el fin de presentar a la sociedad su proyecto Todos Somos Todos. Este proyecto pretende visibilizar y empoderar a aquellas personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que tienen mayores necesidades de apoyo debido a situaciones asociadas a esta discapacidad, como movilidad reducida, trastornos de la salud mental, dificultades de comunicación, etc. Estas personas son aún en gran medida invisibles para el conjunto de la sociedad y tienen un déficit de derechos aún mayor que el de el resto de personas con discapacidad intelectual, y menores oportunidades de incluirse en su comunidad. Ello las conduce inexorablemente a estilos de vida asistenciales, en entornos segregados y con pocos incentivos para gozar de una buena vida en la comunidad. El proyecto pretende dar voz a estas personas y sus familias, investigar en sus diversas situaciones vitales y en aquellos modelos de apoyo que se ha comprobado que están funcionando en todo el mundo, con el fin de generar modelos de referencia para nuestras organizaciones. Las jornadas de presentación del proyecto tendrán lugar los días 13, 14 y 28 de junio en Ciudad Real, Pamplona y Santiago de Compostela respectivamente. Junto a ellas, nuestra organización también organizará en Madrid una jornada abierta (seguida de un taller para profesionales) los días 20, 21 y 22 de junio con el fin de dar a conocer el proyecto de Empleo Personalizado de Plena inclusión, una de las iniciativas que se impulsan desde varias de nuestras federaciones para mejorar la vida de estas personas a través del ámbito del empleo. Estas jornadas son de acceso libre hasta completar el aforo. En los enlaces de abajo encontrarás un formulario para inscribirte en cada una de ellas. 13 de junio.- Jornada de Todos Somos Todos en Ciudad Real (Castilla-La Mancha) 14 de junio.- Jornada de Todos Somos Todos en Pamplona (Navarra) 28 de junio.- Jornada de Todos Somos Todos en Santiago de Compostela (Galicia) 20 de junio.- Jornada de Empleo Personalizado en Madrid

Entregados los premios del concurso de pintura de Down Madrid

El acto se celebró en la Sala de Exposiciones de El Águila, donde las obras galardonadas estarán expuestas hasta el 29 de mayo. Hizo entrega de los premios  la viceconsejera de Políticas Sociales y Familia, Belén Prado, junto al vicepresidente de Fundación Repsol, Ignacio Egea, la presidenta de la Fundación Síndrome de Down de Madrid, Inés Álvarez Arancedo. Al acto asistió el director general de Plena Inclusión Madrid, Javier Luengo. Belén Prado, viceconsejera de Políticas Sociales y Familia, felicitó, durante el acto de entrega de los premios del XX Concurso Internacional de pintura, a la Fundación Repsol por ser un ejemplo de inclusión y a Down Madrid por el trabajo que realiza con personas con síndrome de Down. Por su parte, el vicepresidente de Fundación Repsol, Ignacio Egea, señaló que esta exposición «es una muestra de una gran cantidad de talento, fuerza, expresividad y firmeza de los artistas, que cuenta con unos cuadros donde no se ve ni un trazo dubitativo». Egea indicó que la Fundación Repsol fomenta la inclusión en ámbitos como la formación, el deporte, la cultura y la sensibilización. La presidenta de la Fundación Síndrome de Down Madrid, Inés Álvarez Arancedo, indicó que esta iniciativa hace que los participantes pongan en juego sus capacidades y manifiesten sus sueños, ideas o inquietudes. También destacó que este año han sido 76 las personas con síndrome de Down que han aceptado el reto de enfrentarse a un lienzo en blanco, una cifra que ha ido en aumento en estos 25 años. Las obras seleccionadas y galardonadas en la presente edición permanecerán expuestas hasta el próximo 29 de mayo en la Sala de Exposiciones El Águila.

La pesadilla: Ocio sí, pero no así

Hay noches que me cuesta más dormir. Suelo tener pesadillas y eso me asusta bastante. Algunas son recurrentes. La última ayer mismo: yo tenía 21 años y mi madre, prácticamente los que yo tengo ahora, algunos más del doble. Era sábado, justo después de comer. Mi madre comienza a arreglarse, ignoro para qué, aunque se está poniendo guapísima. La pregunto que si va a salir. Me dice que sí, que nos vamos las dos juntas. ¿A dónde?, pregunto a la vez que comienzo a sentirme incómoda, pues ahora mismo lo que más me apetece es sofá, película que te hace dormitar y descansar así hasta las nueve de la noche, hora en la que he quedado con mis amigas. ¿No te lo había dicho?, me pregunta emocionada. Vamos a la discoteca que han abierto en el barrio de al lado. Mi cara al oírlo, debe ser un poema. ¿A una discoteca, a las cuatro de la tarde, contigooooo? (La hago esa pregunta mientras tecleo rápidamente un wasup de socorro a mis amigas: SOS, a mi madre le pasa algo grave). Siiiii, me responde, va a ser genial, ya verás. Vamos juntas y todas las personas que hay allí son como tú, tomaremos una fanta, bailaremos y quizá haya hasta patatas fritas para merendar a las seis, justo antes de que cierren, porque a partir de las nueve ya solo va otra gente. No doy crédito a lo que escucho. ¿Cómo yoooo, cómo soy yo????  Bueno hija, tú siempre has sido muy especial, mi chiquitina, mi reina, tengo que protegerte, no puedes salir por ahí y mezclarte con cualquiera, tienes que ir con gente como tú.  Vamos anda, ponte el vestidito tan bonito que te comprado. Y así es que me despierto bañada en sudor. Cuando me duermo de nuevo, estoy en un gran almacén, con muchas puertas. Abro la primera: hay 30 chicos, todos miden aproximadamente 1,68; son morenos, tienen los ojos verdes. Cierro la puerta de golpe. Abro otra, está llena de personas rubias y delgadas. Me miran extrañadas, y me dicen que no pueden hablar conmigo, que ese no es mi grupo. Y así sucesivamente voy abriendo puertas. Son como cajones enormes: pelirrojos en una, personas con gafas en otra, personas que no acabaron el instituto en otra, centroafricanos, indios, árabes, franceses, alemanes, cada uno en esos enormes cajones, marcados con una etiqueta en su jersey, que de pronto descubro, no coincide con la mía, donde alguien ha escrito, sin que yo sea consciente de ello, en letras mayúsculas: ESPECIAL. Ahora sí que no puedo respirar, quiero gritar para despertarme y salir de esta pesadilla. Por fin lo consigo y con cierto alivio vuelvo a la seguridad que da la consciencia, pero por alguna extraña razón, siento una gran desazón que no me deja estar tranquila el resto del día. Con el tiempo he descubierto la causa de mis pesadillas, que no son sino un reflejo de los trabas y dificultades que diariamente nos encontramos en el trabajo: más de 40 años de lucha colectiva por la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y por ende por la igualdad y la inclusión de cualquier persona independientemente de sus características, capacidades, procedencia, creencia o circunstancias. Sin embargo, a veces parece que no avanzamos nada porque tenemos que dedicar demasiado tiempo a quitar palos de las ruedas que nos impiden alcanzar el verdadero cumplimiento de los derechos y en ocasiones, lamentablemente esos palos proceden de ideas bienintencionadas y que sin embargo causan un grave perjuicio a los objetivos de participación, ciudadanía e inclusión a los que aspiramos. La magia de Internet y san Google permiten a cualquiera encontrarlas, y ahí puede estar el origen de mis pesadillas, cuando hallo que se quieren seguir impulsando pequeños guetos para el disfrute del ocio de las personas con discapacidad. Espacios aislados del resto de la sociedad, segregadores per sé, y además sin tener en cuenta que el ocio lo es, en la medida en que puede ser elegido libremente, por cada uno de nosotros, en tiempo y forma. Ese ocio que elegimos forma parte de nuestra identidad personal, de nuestros intereses y deseos, es algo que nos proporciona bienestar físico y emocional.  El ocio para cualquier persona, independiente de su capacidad o circunstancias, es uno de los ejes de desarrollo social y personal más relevante[i]. Tanto es así que la propia legislación lo considera un derecho indispensable de cualquier persona y, por ende, de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo. No puedo imaginarme que nadie venga un fin de semana a buscarme a mi casa para “imponerme”, con buenas intenciones, pero desde el desconocimiento o la sobreprotección, una actividad, sea la que sea, que no me apetece hacer ni ese día, ni a esa hora, ni con mis supuestos “iguales”. Desde Plena Inclusión Madrid y otras muchas organizaciones venimos trabajando desde hace años para hacer del ocio una realidad inclusiva, en el que se le proporcione a la persona con discapacidad intelectual o del desarrollo los apoyos que requiera para disfrutar de su tiempo libre cómo, cuándo y con quien quiera. Como sociedad civil que somos cada uno de nosotros, organizada o no, hemos de seguir luchando para evitar las prácticas “exclusivas”, en el doble sentido que esta palabra puede tener.  Y muchas de ellas, como la generación de espacios reservados en discotecas a horas intempestivas y motivo de mis pesadillas, son precisamente medidas a evitar, más aún cuando muchas de estas iniciativas vienen respaldadas o impulsadas por organizaciones sociales: no podemos estar defendiendo la igualdad y la inclusión con una mano y con la otra, cerrar espacios a cal y canto en los que solo pueden entrar “los chicos” (así les seguimos llamado a veces aunque hayan superado la barrera de los 50) cuando nosotros digamos y con quién nosotros, y no ellos, elijamos. Lamentablemente, esto que sigue ocurriendo a veces en el ámbito de la discapacidad y en el ejemplo del ocio del